Avisar de contenido inadecuado

EL AVE QUE NO ENCONTRABA LA FELICIDAD

{
}


Reposaba el ave en su nido, mientras cavilaba en silencio sobre la vida y concluyó que se le hacía tarde para encontrar la felicidad, que por cierto había esperado por muchos años parada sobre sus dos patas, sin ni siquiera moverse, siempre en el mismo lugar y la misma dirección.
Decía el ave que la felicidad, quizás andaría muy lejos de su humilde morada y al sentir que su vida era triste, solitaria y que habían transcurrido tantos años, decidió batir sus alas oxidadas y alzar vuelo hasta lo más lejano del cielo, buscando con ansia, alegrías para su frustrado corazón.
Tardó un poco en planear correctamente sobre los vientos que chocaban en diferente dirección y pudo percatarse de sus alas temerosas al volar, también concluyó que había muchos caminos sin anuncio de llegada, que le indicaran el lugar exacto para encontrar la tan anhelada felicidad.
Angustiada y llena de anhelos, decidió simplemente volar, llegar lejos, tan lejos como el tiempo perdido hubiese podido alejarla de sus sueños y voló sin reposo, ni medida, con el único objetivo de encontrarse en una cita aplazada con la valiosa felicidad.
Al paso de su viaje, conoció a otras aves que la acompañaron por largos kilómetros, charlando tanto como nunca había charlado, riendo de ocurrencias sin sentido y divisando los más lindos paisajes que ni ella misma sabía que existían. – “Es hermoso el mundo, pero algo más hermoso que la vista de mis ojos debe esperarme al final del viaje”, pensaba el animal.
Encontró campos poblados de frutales que alborotaron su apetito, controlando los caprichos del hambre, la sed y la ansiedad, no quería ser egoísta con el tiempo que marcaba su futuro y parar el vuelo para comer solo causaría un retraso en esa búsqueda incansable.
Un elegante pajarito se enamoró de su lindo plumaje y la cortejó ofreciéndole un humilde y confortable nido, pero la felicidad que ella buscaba le hacía creer, que siempre habría algo mejor al final del sendero…Aunque no tuviese ni idea de dónde quedaba el final.
Lo que si es cierto es que conoció tantos lugares, animales, alimentos y cosas, que sin darse cuenta fue llenando sus recuerdos y corazón de alegrías, pero nada era más importante que la felicidad, de quien por cierto desconocía su forma, tamaño, color o residencia, solo sabía que en algún lugar del mundo estaría sentada, esperándola para darle un gran abrazo.
Pero sucedió que el tiempo que ella tanto ahorraba evitando distracciones fue pasando y el ave sin saber a dónde ir o qué elegir, lo fue desperdiciando más y más, por tanto los años corrieron en su calendario y el ave voló con menos prisa y más desesperación.
Un día agotado el animal, tuvo que parar y descansar, los años no llegan solos y la fuerza se va agotando, como agua de rio deshidratado en verano. Se quedó mirando al cielo y comprendió que había gastado su pasado esperando y que ahora invertía su presente buscando, pero… ¿Buscando que, acaso sabía qué era la felicidad?
Muy desconsolada lloró, sintió que se le había pasado la vida siendo infeliz y que estaba más sola que nunca, miró de nuevo al firmamento y quiso regresar a su nido, allí solitaria, triste y amargada por su infortuna, por lo menos tendría un lugar cómodo para descansar y dando vuelta a la historia de su aventura regresó a casa llena de desilusiones.
Cuando llegó a su viejo hogar y después de haber observado tantas maravillas hermosas de la creación, se dio cuenta de que era feo y aburrido, nunca sembró una flor, nunca corrió las cortinas de las ventanas y un gran candado mantenía cerrada la puerta de la entrada, un lugar realmente tedioso para vivir.
Recordó con alegría los lindos jardines adornados con flores y aromatizadas frutas de colores, entonces se sintió extraña y descubrió que sentía felicidad, por lo tanto quiso arreglar, embellecer, sembrar y decorar su casa, pero al terminar se sentó de nuevo triste a renegar por tanta infelicidad.
Cuando llegó la noche, la pobre y desconsolada ave miró de nuevo al cielo para pedirle a Dios que calmara su sufrimiento y muy sorprendida se dio cuenta de la belleza que adornaba el techo del mundo, admiró la luna, las estrellas, el azul oscuro del firmamento y hasta fue testigo del resplandeciente viaje de un largo y brillante cometa, -“¡Que hermosura acobijaba mi nido y yo no lo había notado!...Y diciendo estas palabras, se sintió de nuevo muy feliz.
Pero al recordar las cuitas que la atormentaban, perdió pronto la sonrisa y continuó perdida en el llanto y la desesperación. Muy pronto, cansada y adolorida se durmió el animal, por lo menos en el trance del sueño se alejaba de la realidad de sus pesares. Daba tristeza mirar su rostro desconsolado y sus sueños sin esperanza.
A la mañana siguiente, ni siquiera anhelaba despertarse, un día más de infelicidad, un día más de amargura y tribulaciones. El ave reposaba enroscada en ese par de alas hermosas que Dios le había dado y la cabeza sin fuerza caída al medio lado causaba terror, como si ese ser ya no quisiera vivir.
El sol entraba calientico entre las pajas del nido, las plantas que el día anterior había sembrado daban sus primeras flores y la cosecha del árbol de manzanas expulsaba rica aroma. De repente una orquesta musical interpretó grandiosos trinos que entraron en sonido armonioso por la ventana, algo realmente majestuoso que llamó la atención perdida del animal.
El ave levanto su cuerpo adolorido y maltratado, no por los años sino por el viaje largo y agotador que había hecho, miró curiosa e interesada hacia el campo que alumbraba la luz de sus ojos y observó que todos los amigos que había hecho durante el viaje, habían venido a visitarla, cada uno con un regalo de rico sabor a fruta y una maravillosa sonrisa en el pico.
Miraba encantada tanta dicha, la felicidad había llegado hasta su casa, ahora tenía amigos, un lindo cielo, un cómodo y hermoso nido y un rico jardín lleno de flores y sabroso alimento. ¡Que feliz era este bendecido animal!...y cantaba, bailaba, comía, escuchaba a los demás pajaritos y decía tantas palabritas hermosas, como si nunca en la vida hubiese vivido el mejor de sus días, hasta ese momento.
De repente entre tanta bulla, fiesta y alharaca, se escuchó el silbido más hermoso de todos, una voz llena de amor y esperanza vibraba en el pico de un elegante pajarito de plumas limpias y mirada tierna, el mismo que en la aventura del largo viaje, se enamoró de la pajarita que buscaba la felicidad.
La pajarita halagada sintió que su corazón brincaba de emoción por tan distinguido animalito y juntos con un beso sellaron un compromiso de amor. Pero acá no termina la historia, falta lo mejor y más importante… El ave comprendió que nunca había estado sola, que tenía muchos regalos para disfrutar y ser feliz, pero que nunca los había encontrado, tal vez porque no había comprendido que Dios pone a nuestra disposición todo para ser feliz, pero que está en uno mismo apreciar, disfrutar y cuidar el regalo más valioso de todos…LA VIDA Y EL AMOR.
NANCY MEJIA VILLA.

{
}
{
}

Comentarios EL AVE QUE NO ENCONTRABA LA FELICIDAD

Eres buena sigue escribiendo para que nuestro intelecto aumente con su prosa. Saludos

Deja tu comentario EL AVE QUE NO ENCONTRABA LA FELICIDAD

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre