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EL VERDADERO AMOR, CLAVE DE LA FELICIDAD

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Las diferencias entre los seres humanos están definidas en un rol de procreación, en una cultura de belleza y actitud y en un paradigma de cómo actuar de acuerdo al género. El hecho es que cada quien es persona, igual que todos, con necesidades que lo llevan a satisfacer el motor de su existencia y sin duda alguna ese motor se llama amor.
Es incoherente y difícil de entender, pero hasta el más cruel o humanizado ser, actúa en torno al verbo amar: no lo amaron, amó y sufrió, no perdonó la falta de amor, amó mucho, dejó de amar, quiere amar. En fin el amor es el eje de la vida y de la muerte y por ello solo la estabilidad en el amor, hace que cada quien se autoconstruya en lo que considera su propia felicidad.
Desde este punto de vista, los sentimientos no son propios de una definición sexual, sino de cada persona y ese es el común denominador que hace a un ser humano tan normal como otro. Basta con existir para poder sufrir, ser feliz, odiar, ignorar y mil otros sentimientos que nacen de la palabra AMOR.
Cada quien necesita una motivación para prevalecer satisfactoriamente en una sociedad más que costumbrista, interesada y dirigida por modelos que otorgan estabilidad a unos, pero derrumban a otros. Vivir sin amor propio no es fácil, mucho menos es fácil vivir sin amor para satisfacer a los demás.
Las motivaciones en el acto del amor, son el centro transformador del mundo, las necesidades e indiferencia humana, no deberían ser una problemática que se ignora, sino una causa para despertar el interés del alma. No hay satisfacción más absoluta, que la nacida en aquello que toca nuestras células y bloquea la especulación de ser como los demás, para dar paso a ser y sentir como uno mismo.
El amor es egoísta y a la vez generoso, se ama porque se siente, aunque genere sufrimiento o felicidad, se ama porque otro merece ser amado, y se ama porque hay satisfacción mutua. La clave del verdadero amor, está en amar de las tres formas: “amar porque quiero amar, por que merece que ame y amar porque nos amamos”. Quien sufre quiere ser amado por alguien que le ayude y quien ayuda quiere amar a quien lo necesita, a la vez este hecho genera satisfacción mutua e individual y lleva al placer absoluto del amor.
Un motor no arranca sin batería, ni un corazón siente sin motivación, pero el universo esta poblado de tanta indiferencia que ignorar la suplica desbordante del amor, se ha convertido en el protocolo básico de cualquier relación. El amor indiferente, hace que el motor del alma se llene con un tipo de gasolina que sirve para arrancar, pero en el proceso de la vida corroe la maquinaria, por ello se destruye y destruye a los demás.
Si la especia humana aprendiera a entender su instinto, valorara su objetivo como ser humano, respetara al otro y fundamentara las clausulas sociales en “amar por mí, por ti y por los dos”, las relaciones sociales no serían escalonadas y satisfactorias para el peldaño más alto, sino plenas y llanas para todos. El mundo necesita ser amado, necesita que lo amen y amarse mutuamente, ¿por qué invertir en armas que acaban la existencia de alguien a quien se puede vencer con abrazos y buenos actos?
El mundo no es violento, pues siempre se carga la responsabilidad a los actos de los demás, cada quien es un ser violento, apático, pretencioso, un solitario y frustrado amo del mundo, sin corona ni mandato, dirigente de un ejército masacrador de la única herramienta con la que se puede alcanzar la felicidad: EL VERDADERO AMOR.
“No es el mundo, es uno mismo; por ello es uno mismo, quien puede transformar el mundo… LA CLAVE, EL AMOR”.
NANCY MEJÍA VILLA

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